La decisión de vender mi ebike no ha sido fácil. Solo tiene 270 km y apenas seis ciclos de carga. Es una Kona Remote 160 DL con motor Shimano EP801, una bici prácticamente nueva. Pero después de probarla a fondo, he llegado a una conclusión clara: la bicicleta eléctrica no encaja con mi estilo de vida actual.
En este artículo te comparto, desde mi experiencia como ciclista con más de 25 años sobre el sillín, las cinco razones principales por las que he decidido vender mi ebike. Si estás pensando en comprarte una o ya tienes una, quizás te ayude a reflexionar sobre cómo la utilizas tú.
1. Tener más de dos bicicletas de montaña no me compensa
Lo he dicho muchas veces: tener tres o más bicicletas “de verdad” es demasiado… al menos para mí. Mantenerlas limpias, a punto, actualizadas, y usarlas con frecuencia para que no se queden paradas, es una tarea que requiere tiempo y dinero. Y hoy en día, con el trabajo y las responsabilidades, no me da la vida.
Me gusta tener mi bici de gravel para tiradas largas o para carretera, y mi down country para rutas técnicas. Con esas dos cubro todo lo que me gusta hacer. La ebike se quedaba en medio, sin encajar del todo en ninguna rutina. Terminaba dudando qué bici usar, y eso me generaba más frustración que ilusión.
2. En salidas cortas, prefiero ir a tope
Muchas veces solo tengo una hora libre entre semana para salir en bici. En ese tiempo, lo que busco es ir a fuego, subir pulsaciones, hacer un entrenamiento corto pero intenso. Y con una bici eléctrica es más difícil lograrlo, aunque vayas en modo Eco. La asistencia te resta carga física y, aunque disfrutes del terreno, no exprimes el cuerpo igual.
Últimamente estoy muy centrado en mejorar mi VO2 máximo, trabajar el sistema anaeróbico y sentirme más fuerte a nivel general. Con mi bici muscular, en media hora ya noto que el cuerpo ha trabajado. En cambio, con la eléctrica, ni siquiera sudaba si no me lo tomaba como una cronoescalada.
3. En rutas largas, tampoco me aporta mucho
Los fines de semana suelo hacer salidas largas, de entre 4 y 6 horas. Para eso, me vale más una bici normal que una eléctrica. Porque si tengo que ir en modo Eco para que me dure la batería, prefiero directamente hacer el esfuerzo completo y aprovechar la jornada para ganar fondo.
Además, no tengo que preocuparme de si me voy a quedar sin batería o si tengo que llevar una de repuesto. Con una bici muscular, tengo libertad total y, sinceramente, eso es algo que valoro mucho cuando salgo a rodar por los montes de Gran Canaria.
4. Mover una ebike es un lío si no tienes furgoneta
No tengo furgoneta. Solo un coche normal. Y subir una ebike al coche es un drama. Pesa, es voluminosa y ocupa lo suyo. Para rutas que empiezan lejos de casa, prefiero mil veces una bici que pueda meter y sacar sin romperme la espalda o tener que desmontar medio maletero.
Por eso, la logística también ha sido clave en mi decisión. Quiero una bici fácil de mover, que no me dé pereza cargar, y que me motive a salir incluso si tengo que desplazarme 40 km hasta el inicio de la ruta.
5. Cada vez se complica más usarla por el monte
En Gran Canaria están apareciendo más restricciones para ciclistas, sobre todo en zonas de montaña y senderos técnicos. Justo esos senderos en los que más disfruto con una ebike, los de subidas imposibles y tramos de antiguos descensos, están ahora más vigilados o directamente prohibidos.
Y no nos engañemos, una bici eléctrica se disfruta de verdad subiendo paredes, no en pistas anchas donde te sobra motor. Por eso, si no puedo exprimirla como me gustaría, tampoco tiene sentido tenerla. Si esta situación cambia algún día, puede que me lo replantee. Pero ahora mismo, se me queda corta en todos los sentidos.
La ebike es una herramienta brutal, pero no es para todos
No tengo ninguna duda de que las ebikes han revolucionado el ciclismo de montaña. Y para muchas personas, son una bendición: te permiten llegar más lejos, subir más rápido y disfrutar del terreno sin machacarte tanto. Pero en mi caso, ni la necesito ni la estoy aprovechando como debería.
Después de representar a la selección española en tres ocasiones y de ganar tres veces el Campeonato de España de Descenso, estoy en una etapa diferente. Me motiva más la bicicleta como aventura, como entrenamiento y como forma de vida. Por eso, de momento, me bajo del barco eléctrico. Y lo hago con cariño y agradecimiento por lo aprendido con ella.
¿Y tú qué opinas?
¿Tienes una ebike? ¿La usas más o menos que tu bici muscular? ¿Qué te aporta? Me encantaría conocer tu experiencia. Déjala en los comentarios y así entre todos compartimos puntos de vista y aprendemos formas diferentes de vivir el ciclismo.
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